La primera semana de septiembre pone a prueba nuestra capacidad para gestionar la frustración y, sobre todo, la pereza. Hemos pasado unos días maravillosos en la playa, la piscina, la montaña o sencillamente en el sofá y ahora toca enfrentarse a una realidad distinta, donde prácticamente no hay espacio para mojitos ni chapuzones espontáneos. Y sentimos cómo se nos va haciendo un nudo por dentro y todo son obstáculos en el horizonte. Síndrome postvacacional lo llaman, pero ¿te has parado a pensar qué es lo que te ocurre realmente? ¿Por qué te cuesta tanto recuperar tu rutina?

 

Huye de las etiquetas

Síndrome postvacacional

Síndrome postvacacional, depresión postparto, estrés laboral… expresiones que se han desvirtuado y despojado de su verdadero significado a fuerza de “malusarlas” y abusar de ellas. Si bien es cierto que los medios de comunicación son los principales responsables, no podemos negar que hemos incluido estos términos en nuestro vocabulario diario sin detenernos a analizar su verdadero significado. Y de pronto nos encontramos con que es casi imposible llevar una vida normal sin sufrir alguno de estos males… ¿seguro?

Cualquiera diría que nuestra sociedad siente una sospechosa necesidad por etiquetar nuestras emociones y agruparlas para meternos a todos en el mismo saco. Parece que uno se siente más tranquilo si sabe que no es el único que se siente de una determinada manera, pero cuidado: corres el riesgo de identificarte con algo que no es tuyo y acabar adoptando actitudes que no te pertenecen.

¿De verdad te sientes triste o es que es “lo que toca”? Es época de quejarse y maldecir y tú no puedes ser menos. Pregúntate si ese enfado que sientes es tuyo o si simplemente te has mimetizado con tu entorno. ¿Por qué no ser “la oveja negra” que, en vez de quejarse, disfruta de su rutina igual que de sus vacaciones?

 

Cuestión de palabras

Síndrome postvacacional

Escúchate. Y no nos referimos a que te sientes a meditar y conectar con tu yo interior (que también está muy bien), si no a que realmente escuches tus propias palabras. Fíjate en cómo te comunicas con los demás y qué mensajes estás transmitiendo, porque son los mensajes que te estás enviando a ti misma.

Si te juntas con tu grupo de amigos y empiezas a soltar frases como: “Qué lata, mañana se terminan mis vacaciones” o “No tengo ningunas ganas de volver al trabajo” es muy probable que tu cuerpo empiece a reaccionar con sutiles dolores de barriga o de cabeza y que tu futuro se dibuje en forma de montaña imposible. En cambio, si tratas de darle la vuelta y decir cosas como “Han sido unos días fabulosos y quiero mantener esta energía en mi día a día” el panorama se presenta muy distinto. Y esa es la idea: agarrar la emoción que nos producen los días libres y trasladarla a nuestra rutina todo lo posible.

 

Imitarse a uno mismo

Síndrome postvacacional

Pensemos un momento: ¿qué tienen las vacaciones que nos gusta tanto? Podemos creer que es el lugar al que vamos, la gente que nos acompaña, las fiestas a las que asistimos o la comida que probamos, pero la verdad es que lo que nos encanta de estos días de ocio es que nos lo permitimos todo, nos liberamos, nos descargamos, nos relajamos y somos nosotros mismos, sin aditivos de ningún tipo.

Podemos decir, entonces, que lo que añoramos de las vacaciones es la versión de nosotros mismos que sale a la luz durante un tiempo. ¡Lo que te gusta de tus vacaciones eres tú!

Cuando descubres esto basta con imitar a tu yo de vacaciones y trasladar esa actitud a tu vida cotidiana. En vacaciones ríes, bailas y descansas mucho… ¿de verdad no puedes hacer nada de eso a lo largo de tu semana? Deshazte de pensamientos que solo te limitan y permítete ser quien eres siempre. Cada día.