Ahora que ya hemos asumido que la alimentación y las emociones caminan inevitablemente de la mano, podemos empezar a tratar nuestra dieta desde otra perspectiva.

¿Conoces el Coaching Nutricional? De la misma manera que miles de trabajadores se han puesto en manos de coaches para eliminar bloqueos emocionales, rescatar capacidades adormecidas y relanzar su carrera profesional para vivir en sintonía con su verdadera personalidad, es muy recomendable que todos y cada uno de nosotros realicemos un trabajo de autoconciencia para analizar nuestra relación con la comida.

Nos enseñan a usar los cubiertos, aprendemos las normas básicas de comportamiento en la mesa, pero lo cierto es que nadie nos enseña realmente a comer. ¿Comemos por necesidad? ¿por costumbre? ¿podríamos comer de otra manera?

El Coaching Nutricional propone revisar los hábitos alimentarios de la persona, hallar las conexiones con las distintas emociones para finalmente reeducar determinadas conductas y superar así posibles problemas y mejorar la salud a todos los niveles.

Algunas de las claves del Coaching Nutricional son:

Fija tus objetivos personales

Más allá de modas, tendencias o lo que escuchas en tu entorno más cercano. Tú eres única, y tus objetivos también deben serlo. Por supuesto, además de personales, tienen que ser objetivos realistas. Si tu idea es convertirte en Giselle Bündchen de la noche a la mañana, quizá deberías plantearte en qué niveles de exigencia personal te estás moviendo y tratar de bajarlos a tierra.

Identifica tu motivación

Como tus objetivos son únicos, solo tú sabes realmente lo que te motiva para llegar a ellos. Desde un deseo de cambiar tu físico hasta la necesidad de demostrarte a ti misma que eres capaz de superar tus propios retos o el proyecto de una nueva vida más saludable… tú misma.

Señala tus puntos débiles

Te conoces perfectamente y sabes de sobra por dónde puedes perder fuerza. ¿Es la pereza? ¿la gula? ¿Qué pensamientos suelen acecharte justo antes de abandonar un proyecto? En cuanto hayas identificado a tus enemigos comunes, podrás señalarlos con el dedo y la próxima vez que aparezcan será más sencillo detenerlos. Eso sí, si un día fallas, no te castigues… no es necesario sentir remordimientos, basta con recuperar el plan con energía y seguir adelante.

Empieza por cambios pequeños

Roma no se construyó en un día y cambiar las pautas de tu propia vida no es tarea fácil. No quieras ir demasiado rápido o te frustrarás. Dale valor a cada pequeño gesto que vas cambiando, ¡lo que estás haciendo tiene mucho mérito!

¿Hambre o ansiedad? Aprende a diferenciarlas

La sensación de hambre es traicionera porque puede deberse a una carencia nutricional del organismo, que requiere ser alimentado, o también puede ser fruto de la ansiedad y la necesidad de ocuparse físicamente tanto externa como internamente. Un truco para diferenciarlas: cuando tienes hambre, no descartas ningún tipo de alimento, simplemente necesitas comer y tanto te sirve una manzana como un plato de espaguetis. En cambio, cuando es la ansiedad la que amenaza, se trata de un maquiavélico juego de tu mente, por lo que solo te apetecerán comidas muy concretas (esas galletas que te encantan, las patatas fritas que acaban de anunciar por la tele, etc.). En ese caso, corta el juego tomando una infusión o un spray anti antojo con sabor a menta.