El ayuno es una práctica que consiste en dejar de ingerir alimentos sólidos y líquidos durante un período determinado, con diferentes objetivos. El ayuno intermitente, conocido popularmente como Intermittent fasting (IF) consiste en reducir la ingesta de alimentos varios días a la semana. Cada vez son más los dietistas y nutricionistas que se suman a recomendar el ayuno como método efectivo, no sólo para la pérdida de peso, sino, sobre todo, para mejorar el estado de salud del organismo.

La historia y la antropología han ilustrado en varias ocasiones cómo el ayuno ha formado parte de las rutinas alimentarias del ser humano como algo natural y muy beneficioso.

Tiene lógica si pensamos que ya en el paleolítico el ser humano era cazador y se veía obligado a alternar períodos de abundancia y de escasez alimentaria. Dice Wikipedia:

“El desarrollo tecnológico y cultural, tan adelantado al plenamente biológico, supuso una ruptura de los ciclos naturales de caza-ayuno (es decir, hacer ejercicio para conseguir comida) y descanso-alimentación. Esa ruptura probablemente sea la causa de muchas de las enfermedades crónicas y degenerativas que encontramos en el mundo moderno, dado que nuestros genes y ambiente no están en concordancia.”

De hecho, en la actualidad, ya sometemos a nuestro organismo a un breve período de ayuno de forma orgánica cada noche cuando nos vamos a dormir y dejamos de ingerir alimentos y bebidas durante varias horas. Este simple hecho ya tiene consecuencias muy positivas en nuestra salud: ayuda a disminuir las concentraciones de biomarcadores metabólicos, como la insulina y la glucosa, asociados con enfermedades crónicas, así como el riesgo de obesidad[1].

Por otro lado, existen desde siempre múltiples religiones y ejercicios espirituales que hallan en el ayuno una forma de regeneración y limpieza interior con resultados óptimos palpables a corto plazo.

Desde un punto de vista científico, todo apunta a que el ayuno aporta longevidad y otros beneficios para la salud que están íntimamente relacionados con el cambio de metabolismo que se produce durante estos períodos. Los estudios realizados en animales demuestran que la proliferación celular se ralentiza y el organismo procede a eliminar células viejas o defectuosas, en lo que se conoce como proceso de autofagia, donde se alimenta de sus propias reservas de energía.

Los experimentos del equipo de Valter Longo, por ejemplo, en la Universidad del Sur de California, han demostrado con varios casos diferentes que los períodos de ayuno intermitente o semiayuno aplicados a ratones con cáncer han afectado a su sistema inmune contribuyendo a la aniquilación de las células tumorales. Longo afirma que el ayuno tiene un efecto “rejuvenecedor” sobre el organismo, tanto en animales como en humanos.

Por supuesto, además de los beneficios para la salud, el ayuno intermitente ha sido ampliamente estudiado por su eficacia a la hora de mantener un peso saludable. El doctor Michael Mosley en su libro The Fast Diet: Lose Weight, Stay Healthy, and Live Lenger with a Simple Secret of Intermittent Fasting sugiere que el método óptimo para perder peso es comer normalmente durante cinco días a la semana y ayunar los otros dos días, durante los cuales lo recomendable es limitar la ingesta de calorías a ¼ de las habituales, acompañándolo siempre de mucha agua y té.

En cualquier caso, cuando el ayuno forma parte de un plan de adelgazamiento es muy importante que se lleve a cabo bajo la supervisión de un especialista que además planifique pautas de mantenimiento posterior para evitar el efecto rebote. Lo ideal, en realidad, es que el ayuno intermitente se convierta en un estilo de vida y deje de ser una dieta, incorporando a nuestro día a día hábitos saludables y eligiendo con conocimiento el tipo de alimentos que introducimos en nuestro organismo.

[1] http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=86815